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08 December 2009 @ 01:15 pm
felicitaciones + capítulo siete NUC  
Antes de nada:

¡Muchísimas felicidades a yaoilover4 , que su cumpleaños fue el día 28 de noviembre, y a elizabeths_vane , que fue el día 6 de este mes! Perdón por el retraso, chicas, no sé dónde tengo la cabeza. ¡Pedidme lo que queráis por esa boquita, preciosas!

HE ACABADO EL CAPÍTULO SIETE DE NUESTRA ÚLTIMA CARRETERA.
Lleva como dos meses parado, pero es que entre el nanowrimo y todo pues no he tenido tiempo. PERO YA ESTÁ Y ALLÁ VA.

Título: Nuestra última carretera
Capítulo: 7. La purgación de las almas
Autor: sheislilyx
Spoilers: Cuarta temporada y puede que haya semejanzas con la quinta.
Nota de autora: Mi versión de la quinta temporada. En este capítulo no tengo nada que decir porque he escrito diez páginas en una noche y me va a estallar la cabeza, lol. La canción es "Running to the edge of the world" de Marilyn Manson. Espero que os guste.

CAPÍTULO SIETE. La purgación de las almas

We’re running to the edge of the world

Running! Running away…

We’re running to the edge of the world

I don’t know if the world will end today

Las buenas historias, las de verdad, siempre son tristes: la misma vieja canción que habla de héroes y de guerras santas, y los acordes que suenan de fondo conllevan una tristeza insalvable porque no hay nada bueno en matar. Los actos, sin embargo, pueden perdurar durante una eternidad, porque a pesar de todo, bajo la piel y muy hundido en la sangre, están todas las cosas que merecen la pena; las cosas por las que nunca se da por perdida una batalla y por las que se continúa adelante, la gente por que la se mueven continentes y se resucitan cadáveres si hace falta; por la vida misma y por lo que sale cuando se trata de protegerla por encima de todo. Porque cuando se trata de sobrevivir surge la adrenalina que mata y que muere, porque cuando se trata de ahogar el dolor se hacen locuras día sí y día también. De eso mismo habla esta historia también: de lazos de sangre, de unos héroes que por dentro no son blancos ni negros porque en los renglones torcidos de Dios solo hay espacio para el contraste de grises, del miedo, de la vida, de mundos que se unen y se separan, de corazones que laten por otro y de corazones que no van a latir más…

Solo una rata mataría antes que morir, podrías pensar, pero cuando se trata de ti, cuando eres tú el que tiene la vida escapándose entre los dedos y el aliento huyendo entre los labios fríos, irás a defenderla con uñas y dientes y más si hace falta, aunque rompas reglas y tu moral caiga y la esperanza sea poca, irás a defenderla con la misma fuerza desgarradora y prácticamente invencible con la que una madre protege a su recién nacido entre los brazos. Que te juzguen después.

×××

El hollín le mancha las mejillas cuando se pasa una mano por la cara en un gesto inconsciente, con los nudillos. Ha estado mucho tiempo, esa mañana, intentando sacar dos heridos de un camión diésel, mientras iba camino de vuelta al refugio, así que apenas ha tenido tiempo de pasarse las manos por los tejanos antes de meterse de lleno en la misión. Sam afianza la rodilla entre los arbustos y sujeta con fuerza el rifle, apoyado sobre el lado de un brazo. El sudor le resbala hasta los labios, amargo, y la hojarasca le araña las piernas incluso a través de los pantalones. Mira, atento, con los ojos muy abiertos, al punto exacto donde debe estar Ellen escondida. No ve nada y espera que sea igual de indistinguible para los demonios. En el extremo contrario debe estar Dean, al que tampoco logra distinguir entre la hierba; ambos cazadores avanzados a él, formando un triángulo invertido. Sam toquetea la granada de sal prendida de su cinturón y respira hondo. Aquella es una batalla de las de segunda categoría, pero todo puede salir mal en un momento, y simplemente no pueden seguir perdiendo.

Han pasado siete días desde que cayó Denver y desde entonces el mundo se ha ido a pique por el coladero a marchas forzadas, a bandazos: como si alguien con fuerza sobrehumana intentase hundir una bola gigantesca en el agua. Hay dos posibilidades: la primera, que la bola reviente y la segunda, que la bola sobresalga. De la misma manera han estado peleando: a veces ahogándose en la propia sangre, a veces creyéndose invencibles y no fastidiándola más porque no han podido. El principal problema es el virus Croatoan. Creció tanto y tan deprisa que no hubo manera de controlarlo. Así que la mañana siguiente a la destrucción de Denver, Dean y Sam unieron a los cazadores. Los buscaron por todas partes. Llamaron a Bobby, que a la vez llamó a Ellen, la cual estaba en contacto con la mayoría de visitantes del Harvelle’s Roadhouse, y en unas horas la alerta estaba dada. Habían estado haciendo grandes gestos, entre todos.

Ninguno había servido para calmar la situación. Lucifer no había dado señales de vida, por lo menos, pero sus súbditos campaban por aquí y por allá y las retiradas en las ciudades habían sido inmediatas. Era eso o morir. Por supuesto, los habían quienes lo habían intentado (y habían muerto), pero la gente de a pie, a pesar de no saber nada de demonios ni de ángeles, habían aprendido a quitarse de en medio de cualquiera. Hubo una gran desesperación. El miedo es el arma más fuerte y los demonios habían soltado una bomba gigantesca de puro terror que se expandía como una neblina espesa e imbatible soplada por dioses invisibles.

Quedaba seguir intentándolo, una y otra vez, hasta que el cuerpo no pudiera más. Así que allí están los tres incautos, atrincherados en las cercanías del lago; los cazadores se preparan a atacar a cualquier ser demoníaco que surja.

El lago no es especial; ni siquiera saben su nombre (no tienen tiempo para investigar minucias como un paradero: “¿a cuántos kilómetros de aquí está?” y “¿cómo llegamos?” es lo único que importa), pero esa misma mañana tanto Sam como Dean han estado siguiendo a un demonio cada uno, con cuidado, y ambos han ido a parar al mismo sitio, así que como mínimo debe haber unos cuántos por ahí escondidos. El lugar está formado por una espesa vegetación que rodea el agua, ofreciéndoles una perfecta posición para atacar. Detrás del lago se alzan unas montañas bajas, escarpadas, donde pueden divisar dos cuevas no muy separadas entre sí, probablemente conectadas. Suponen que se esconden ahí aunque no acaban de entender por qué. La civilización que queda más cercana es Nueva York, donde todavía resisten en un par de búnkeres algunos supervivientes. Allí mantienen una pequeña zona protegida, concentrados en el mismo lugar. El resto de la ciudad está desolado. Hay otro gran grupo de cazadores que se mantienen en el refugio, liderados por Bobby, por el simple y triste motivo de que si cae uno de los dos grupos, todavía quede esperanza para el resto (fue Jo Harvelle fue quien propuso la idea, con la niñez todavía en los ojos y la voz de estratega).

Tal y como tenían calculado, un par de demonios salen de la cueva de la derecha con la boca exhalando humo negro, cargados de mala electricidad, y descienden por el camino que rodea la montaña con pasos firmes. En lugar de pasar por la hierba, siguen pegados por la roca. Sam mantiene la vista clavada en los dos hasta que desaparecen de su campo de visión. Es el momento de entrar. No saben cuántos debe haber pero no parece demasiado grande, la cueva. Sam se levanta, a medias curvado, y corre a toda pastilla entre la hierba hasta el borde del lago. Tiene que frenar bruscamente para no caer de lleno en el agua. Inspira profundamente y camina despacio hacia la izquierda, donde nota un movimiento entre la hierba a lo lejos. Apunta. Es Dean. Le hace un gesto y ambos emprenden el camino hacia la cueva, pasando por el lugar donde debe estar Ellen. La encuentran allí, preparada, con el ceño muy fruncido y la preocupación evidente bajo la mandíbula apretada.

—¿Cuál es el plan realmente? –pregunta–. Espero que lo de entrar ahí como suicidas sea una broma –Suena tan dura como siempre y a decir verdad es de agradecer saber que hay ciertas cosas que nunca cambian.

—Ese es exactamente el plan –confirma Dean, y ladea la cabeza–. Pero tú te quedas aquí. Sam y yo entramos –afirma con el tono irreprochable–. Nos cubres desde afuera y vaciamos eso de cabrones –Ellen le mira con gravedad–. Está tirado.

—Está bien –contesta, sorprendentemente sin protestas. Es evidente que está pensando en su hija–. Os doy quince minutos antes de daros por muertos y volar las cuevas por los aires, así que daos prisa, ¿queréis?

—Claro –responde Sam. Sonríe un poco, intentando reconfortarla–. Nos vemos, Ellen.

Emprenden el camino de nuevo, sin hablar, y suben a grandes zancadas por la ladera. Sam se detiene al lado de la entrada de la cueva, afianzando los pies en el suelo. Dean, muy serio, echa un vistazo discreto y rápido al interior.

—No veo nada –murmura–. Voy a echar la granada.

—Vale.

Dean agarra la granada que lleva en su propio cinturón, saca la anilla, cuenta hasta tres moviendo los labios y la lanza con toda la fuerza que tiene hacia dentro. Ambos se cubren apenas apartándose hacia un lado y la onda expansiva de la explosión les despeina. Sin perder tiempo, entran en la cueva. Hay varios caminos y tienen la pinta de ser a cada cuál más peligroso. Vacilan antes de entrar y se detienen en la primera bifurcación, atentos a cualquier ruido. No se ve ningún cuerpo en el suelo.

—Con esta victoria, creo que tendremos el perímetro de Nueva York más o menos protegido –comenta Sam, tan bajo que Dean tiene que inclinarse levemente para escucharlo. Tiene los ojos enrojecidos por el humo y parpadea un par de veces–. Volverán, y deberíamos hacer otra ronda hoy, en la ciudad, porque no podremos seguir aguantando mucho si llegan refuerzos.

—Ya –asiente él sin más, optimista pese a todo–. Vamos a patear unos cuántos culos. Entremos al infierno, Sammy –Parece cambiar de opinión el último instante sobre el plan de separarse porque rectifica–. Mejor vamos juntos.

—¿Preocupado por mí? –sonríe.

Sin dejarle tiempo a contestar, Sam le hace un gesto y entra primero, medio curvado hacia delante. Como un soldado entrenado en un mundo que se quema, corre, levantando polvo pero no ruido y dispara preciso cuando descubre el primer demonio, que se derrumba como un castillo de naipes. Hay más y Sam frena bruscamente, sacando también el cuchillo. Quedan dos y el que tiene más cerca le ataca por detrás, arrancándole una exclamación de dolor. Una herida más sin importancia y Dean aparece de repente entre la oscuridad y se ocupa del agresor con el puñal, a gestos que parecen fácil. Sam destroza al restante a dos balazos certeros cuando ya lo tenía tan cerca que podía olerle el aliento. Un poco jadeantes, continúan, abriéndose paso como Moisés lo hizo con las aguas, solo que ellos no apartan las olas sino lo malo (y a cada derramamiento de sangre el alma se mancha un poco por las salpicaduras, ¿cómo mantenerse humano, cómo?), juzgando tal vez erróneamente, pero no importa.

Vuelven a separarse un breve lapso de tiempo, descubriendo que las cuevas efectivamente están conectadas entre sí. La cuestión es darlo todo por la causa; no hay leyes pero sí algo parecido a unos mandamientos no escritos: mantente sereno en la guerra, pierde la cabeza cuando ya no quede nada más que perder, lucha aunque no puedas más, continúa de pie, no te caigas, sigue hambriento, que la rabia no te ciegue pero déjale algo de margen para que muerda a dentelladas como un perro rabioso, usa tus pecados contra los pecados y gana virtudes grises.

La sangre rige el mundo ahora y pronto Sam se ve rodeado, cansado, fuerte, no invencible, tampoco asustado. Lo tiene todo pensado, todo controlado, las posibilidades no estudiadas en su cabeza pero casi puede preverlas, van a atacarle todos a la vez y prepara la granada, arranca la anilla, se echa hacia atrás al tiempo que la suelta y embiste con la espalda a uno salvándole sin querer de la explosión al sacarlo del círculo. La onda expansiva les hace caer y permanece medio inconsciente medio despierto en el suelo. El demonio que sigue vivo forcejea con él como un loco y Sam saca el cuchillo a duras penas, la vista nublándose y se lo clava en la garganta mientras sus manos le estaban ahogando. La sangre le mancha la mejilla y el labio inferior y se la aparta con el dorso de la mano, rápido, temiendo la sensación de necesidad que no llega.

Escucha pasos y se levanta tambaleante, un poco aturdido, con un pitido débil en los oídos y con el cañón de la pistola apuntando a la sombra que se acerca. Solo es Dean y nota que se le relajan los músculos del cuello, antes tensos como la piedra. Baja la pistola y exhala un suspiro cansado.

—Parece que te haya pasado una apisonadora por encima –comenta su hermano acercándose a amplias zancadas. Apoya una mano sobre su hombro y la otra sobre su cuello. Clava la vista en él y frunce los labios disgustado–. ¿La sangre es tuya, Sammy? –pregunta preocupado. Sam niega y Dean baja el pulgar por su cuello, recorriendo las marcas que le ha dejado el demonio–. ¿Quién ha intentado ahogarte?

Sam tiene un impulso ineludible y lo pilla por sorpresa cuando lo besa. El deseo brota de lo más hondo y se inclina lo justo, haciendo que Dean tenga que acercarse más si quiere profundizarlo (y se acerca). Le aferra de la nuca y lo deja sin aliento. Cuando se separan están jadeando.

—Ese –dice sin aire, señalando el demonio muerto en el suelo.

—Vale –contesta Dean. Le sonríe un poco. Tiene los ojos brillantes y está a medias incrédulo, a medias satisfecho–. Vamos.

—¿No queda nadie más? –inquiere.

—No –replica con superioridad–. Los he freído –asegura, pagado de sí mismo, mientras comienzan a andar hacia la salida. Han tardado muy poco.

—Seguro que ya no quedaba nadie y has esperado a que yo lo hiciera todo –dice intentando pincharle.

—¿Bromeas? –espeta indignado–. ¡Eran más de diez!

—Claro –responde irónico. Dean le da un golpe suave en el hombro como única respuesta, aunque su mano se detiene más tiempo del necesario allí, abriéndose. Sam le mira, turbado, y le sonríe con vaguedad.

Nada más salir de la cueva tropiezan con la mirada inquisitiva de Ellen, de pie frente a la entrada. Deja escapar un suspiro aliviado y baja el rifle despacio. Ha dejado las bombas lejos y vuelve para recogerlas. Se las guarda en la mochila sin decir nada.

—¿Ibas a entrar?

—No –espeta de inmediato–. Iba a sentarme aquí a esperar a que vinieran los que os habían matado y volarles la cabeza personalmente.

—Creo es que lo más bonito que nos has dicho nunca –dice Dean sarcástico.

—Y lo más bonito que oiréis –continúa ella con la broma.

Los tres emprenden la vuelta hacia la ciudad a paso veloz. Tienen que andarse con cuidado. Anteayer sufrieron una emboscada de los infectados por el virus de Croatoan, que al parecer están desarrollando la suficiente capacidad de inteligencia como para formar grupos en lugar de atacarse unos a otros porque sí.

Los tres emprenden el camino hacia la ciudad a paso veloz. Tienen que andarse con cuidado. Anteayer sufrieron una emboscada de los infectados por el virus de Croatoan, que al parecer están desarrollando la suficiente capacidad de inteligencia como para formar grupos en lugar de atacarse unos a otros porque sí.

La ciudad humea desde lejos, desde distintos focos. Es la sede más segura que han podido conseguir en siete días, después de echar hacia atrás a los zombis y a los demonios con kilos de sal y balas y vidas perdidas. Hay un par de búnkeres conectados entre sí donde están bien reunidos, en el barrio más destrozado pero también el más vacío. Dan ganas de llorar ver una ciudad tan grande reducida a cenizas pero los cazadores no lloran de día, nunca mientras puedan verte, nunca le muestres al enemigo que tienes un corazón que duele ahí dentro. Se permiten llorar las derrotas de noche. Se permiten guardar la humanidad entre los suyos y tararear canciones de rock a altas horas de la madrugada cuando el sueño no acude y cuesta respirar entre la tristeza. Las ganas de luchar agotan pero nunca se acaban. Defender lo que es tuyo.

Así pues las tres figuras se adentran en Nueva York pisando firme el suelo que antaño fue suyo y ahora es tierra de nadie. Charcos de sangre en el suelo, cadáveres que ahora están aquí y al día siguiente aparecerán descuartizados. Ladridos infernales a ratos y Dean siempre palidece cuando los oye. Sombras en las esquinas que dan miedo y resultan ser prendas de ropa ondeando al viento. Siluetas en los rincones oscuros que parecen muertos y resultan ser condenados. Almas negras como el petróleo, almas desterradas del cielo y del infierno… Algún que otro disparo y llegan a la casa sin muchas dificultades. Hay mucho silencio, cosa casi tranquilizadora, y bajan por las escalerillas veloces. Ellen da tres palmadas fuertes en la puerta.

—Soy yo –exclama.

—La contraseña –dice una voz femenina. Es Jo.

La fortuna de los idiotas –responde la mujer con cierta ironía. Se gira hacia ambos mientras dentro se oye un ruido fuerte. La seguridad es buena, pero Sam no puede evitar pensar que si hay peligro y tienen que entrar rápido van a morir antes de poder siquiera defenderse pues están muy atrapados–. Shakespeare –aclara.

La puerta se abre pesadamente y un nada desdeñable grupo de cazadores los apuntan. En el suelo hay un sello; en el techo otro. Además, una línea de sal rodeando la entrada. Ellen sopla, bastante harta del mismo ritual cada vez que entra y sale, y cruza el círculo sin problemas. Da un trago al agua bendita y Sam y Dean hacen el mismo procedimiento. El ambiente se distiende de inmediato al ver que no hay nada que temer. Cierran la puerta.

El búnker es viejo y está escondido. Sam calcula que lo construyeron para protegerse de impactos nucleares, hace mucho, cuando la gente todavía vivía aterrada por los misiles que podían bombardear los japoneses. Hay piezas realmente oxidadas dentro. Nada más entrar hay una sala enorme donde hay un par de sofás roídos y varios colchones que han traído los cazadores de la casa que hay encima. El búnker lo encontraron por casualidad. La construcción está bajo una casa de dos pisos, de madera, de las pocas que quedan en pie en la ciudad, y uno de los cazadores encontró la trampilla en plena huida. Informó a los demás, pues, y descubrieron que había más de uno en caso de que ese cayera. Bajo la trampilla había unas escaleras metálicas que tenían pinta de haber resistido mil penas. Debajo, un lugar diminuto donde apenas cabían tres o cuatro personas apretadas entre sí y una puerta de acero. El techo no es muy alto y la puerta estrecha. Si alguna vez los demonios los atrapaban ahí, entre las escaleras y el búnker, estaban muertos.

El otro búnker, conectado con ese a través de un pasillo, es más pequeño y solo tiene una sala. Sam cree que los reforzaron un par de décadas después, pero ya no por el peligro de bombas sino por si alguna vez había huracanes o terremotos. Como sea, los supervivientes –tanto cazadores como gente normal– empiezan a tener problemas con el espacio, que es limitado. En el búnker principal, además de la apretujada sala grande que hay al entrar, hay un par de puertas a la izquierda, que llevan a unos lavabos (con ducha, gracias a dios) y a una cocina con despensa respectivamente.

—¿Cómo ha ido? –pregunta Jo. Le pasa una botella de agua a su madre y se sienta en el borde del sofá, mirándolos atenta, expectante. Ha dado mucha guerra por no poder participar en esa misión de poca monta pero acabó resignándose.

—Lo mejor que podía haber ido –responde Sam, encogiéndose de hombros–. Hemos acabado con los que amenazaban la zona, así que deberíamos asegurar la ciudad y estaríamos relativamente a salvo aquí. Podríamos salir a la calle.

—Eso suena fantástico.

—Yo tengo un mal presentimiento –comenta Dean con el ceño fruncido, pasándose una mano por el pelo con aire pensativo–. Hay algo que no cuadra. No han supuesto una amenaza para nada.

—Eso parece discutible para Sam –bromea Jo. Dean suelta una carcajada.

—Cállate –replica sonriendo–. Voy a limpiarme.

Jo le envía una sonrisa que bien podría ser de agradecimiento por dejarlos solos o un simple gesto sin más, pero Dean dice “espera” y los tres se lo quedan mirando. Ellen tiene una expresión extraña dibujada en el rostro.

—Voy contigo –dice en voz baja–. Todavía tengo sangre en las manos. Es desagradable, ¿sabes? –farfulla haciendo una mueca.

Sam asiente y cruzan la sala hacia el lavabo en silencio. Está vacío y no es demasiado grande. Hay cuatro cubículos con puertas que no llegan al suelo y dos lavamanos sucios. Sam se acerca a uno de ellos y abre el grifo. Mira cómo Dean cierra la puerta a través del espejo y luego baja la vista a sus manos. El agua está helada.

—¿Qué pasa? –pregunta curioso al vacío. Dean es tan transparente para él que es evidente que le ocurre algo.

Escucha los pasos de su hermano acercándose y antes de tener tiempo siquiera a cerrar el grifo, Dean tira de él hacia atrás, agarrándolo de la chaqueta y haciendo que pierda pie. Trastabilla y se deja arrastrar rápido y fuerte a uno de los cubículos y choca contra la pared de espalda, a medias tropezando con el váter. Dean se ha situado delante en un movimiento casi espectral para no dejarlo marchar (como si fuera a marcharse) y lo besa rudo, atrayéndolo con una mano en la nuca mientras con la otra busca el pestillo a ciegas para cerrar la puerta; Sam jadea sorprendido pero corresponde enseguida, anhelante. ‘Sammy’, dice Dean contra sus labios, y baja ambas manos, la mirada muy turbia de deseo, hasta sus hombros. Se hace hueco entre sus piernas con la rodilla y presiona, arrancándole un gemido. La cordura brilla por su ausencia y el corazón se le desboca y le besa fuera de control (iba a decirle ‘van a pillarnos’, ‘aquí no’, pero joder, aquí sí, ahora, ya), arqueándose contra él, más cerca, más, más, más. Dean le desabrocha el cinturón y le baja la cremallera a movimientos bruscos, deshaciéndose en su boca, húmedo, tocándole mucho y todo es saliva y fricción y labios suaves y jadeos y prestarse el alma como si no quedara aire sano en la tierra salvo el que comparten (y puede que así sea).

Hablan sin hablar y se entienden como siempre se han entendido aunque sea sin palabras. Dean exhala el aliento de golpe cuando empieza a masturbarle y le raspa el labio inferior con los dientes. Tienen las manos perdidas en el cuerpo del otro y la locura desbordando y la necesidad es tan fuerte que apenas pueden coordinar lo que hacen. La piel arde. Las bocas buscándose continuamente y Sam resbala un poco por la pared. Se le instala una sensación pesada en el estómago y gruñe ‘ah’ en voz baja. Dean lo mira, párpados lánguidos por el sexo y ojos vidriosos, el rubor cubriéndole las pecas y la boca entreabierta. ‘¿Te gusta así, Sammy?’ y suena entrecortado y turbado porque Sam tampoco deja de tocarlo, más errático, más brusco, perdiendo el control. ‘Sí’, jadea, ‘joder, ah, Dean, ah-nnh’ a susurros crispados, y se muerde el labio. Dean lo sigue mirando con algo parecido a la maldita adoración y le besa justo cuando tiene la primera convulsión suave y se corre. Escalofríos como dedos de fantasma tocando la espina dorsal; corrientes de energía electroestática subiendo desde el estómago y estallando en la cabeza y en todas partes y apenas unos segundos después Dean se viene contra su cadera, apoyándose por completo en él y con la piel muy erizada.

Permanecen un rato más ahí, en esa posición, sin moverse, solo notándose. Acariciarse despacito y…

…y no destruirían la Tierra por eso, claro, pero bien vale la destrucción de un mundo o dos y bien sirve para sanarlos, y ya no hace falta sangrar para saber que estamos vivos, y mientras quedes tú da igual, sigo adelante, seguimos adelante…

×××

Tres horas de calma después Lucifer, el impuro, el impío, el pecador, hace acto de aparición en la película junto a su ejército. Lo escuchan llegar; se nota como una presencia densa sobre sus cabezas, después el olor insoportable a azufre y las malas sensaciones en el cuerpo. No mucho después, cuando salen del búnker para atacar en una posible y última batalla sangrienta, aparece un grupo de ángeles y comienza una batalla apocalíptica. Los cazadores, en principio, no tenían pensado participar. Dejar que caigan cuántos más mejor y entonces atacar al que quede; al más fuerte. No hay tiempo para hacerse los héroes aunque nunca hayan dejado de serlo. No hay tiempo para jugar sin hacer trampas. Así que observan desde puntos estratégicos, disparan, provocan alguna baja. Los demonios, sin embargo, están arrasando y Lucifer se pasea por el campo de batalla dejando rastros de niebla negra como un avión deja una estela de humo a su paso. Algunos ángeles le atacan pero sus ataques son repelidos. Los cazadores no son de dar batallas por perdidas ni de esconderse; cambian de idea, siguiendo lo que les dice el instinto, y acaban uniéndose a la batalla.

Lucifer, el impuro, el pecador, parece dejar que sus peones se diviertan un rato. No mata a nadie. Deja que demonios, ángeles y humanos se peleen como depredadores y anda tranquilo, con calma, directo a alguno lugar. Directo a los Winchester, que son los que más daño están haciendo. Dean suelta un ‘tú’ sorprendido y es inmovilizado de inmediato con un gesto del ángel caído. Lo deja retorciéndose contra el edificio que tienen justo detrás y mira a Sam ladeando la cabeza (entonces ocurre algo extraño; uno de los demonios intenta atacarlo y Lucifer lo envía lejos, quizá habiéndolo matado porque se desvanece en el aire y los aísla, a los tres). Se yergue mucho y abre la boca despacio, pensativo. Sam ataca justo cuando él baja la mirada; la granada no le hace nada, ni siquiera una mísera tos. Lucifer se acerca, con aire compasivo.

—Ayúdame –dice sin más, y su rostro se deforma en un aullido de súplica–. Estás de nuestro lado. Estás de mi lado. ¿Por qué te niegas?

A Sam le tiembla el arma entre los dedos. Vuelve a disparar, errático, y Lucifer avanza un paso. Sam alza la mano libre y prueba lo mismo que la primera vez: los poderes. Dean se queja entonces, un grito casi desgarrador y se gira brusco hacia él.

—No me vas a matar –gruñe Lucifer–. Y si no vienes conmigo, Sam Winchester, voy a acabar con todo –proclama con voz ronca. No hace tanto que el propio Sam le dijo aquello, me voy con vosotros, esperando poder negociar por el resto. Por su hermano–. Lo voy a matar delante de tus ojos si vuelves a intentarlo. Lo voy a matar delante de tus ojos si no vienes.

Sam titubea. Retrocede un poco. ‘¿Estás bien?’, le pregunta a Dean, que jadea de dolor. ‘Sammy, no lo hagas’, responde.

—¿Por qué? –pregunta a Lucifer en voz alta.

—¿No es evidente? Venganza. Te explicaré, Sam Winchester, para que me entiendas –Suena tan superior. Tan egocéntrico. Lo odia–. Yo era bello. Era la cosa más hermosa de la tierra y amaba a mi padre, a Dios. Un día me pregunté por qué él era superior. ¿No deberíamos ser todos iguales, Sam, sin diferencias? ¿No es eso lo que buscas? ¿Te imaginas un mundo así, donde nadie fuera mejor que nadie? Lo amaba tanto, a Dios, a padre, que quería ser como él. ¿No sería justo?

—No quiero justicia para ti –susurra–. Quiero que te pudras en el infierno.

—Deja de hacer eso –pide, y mueve una mano. Sam nota una fuerza que lo empuja hacia Lucifer, haciéndolo trastabillar un par de pasos bruscos hacia delante. La pistola es lanzada hacia la derecha, lejos–. Deja de pretender que eres mejor que yo. Deja de pretender que tienes moral –Hace una pausa–. Como te estaba diciendo, yo solo quería ser como Dios. Y dijeron que pecaba de avaricia, el peor pecado de todos, y de soberbia, y me condenaron a ese lugar. Mil años he estado ahí, pudriéndome, y me he convertido en esto, en esta forma oscura y patética.

Sam contiene el aliento. Le está costando respirar. Y sabe por qué.

—¿Por qué quieres matarnos entonces? –pregunta cargado de ironía–. Si somos tus iguales…

—Porque ya no somos iguales, Sam –explica, despacio, humedeciéndose los labios–. Estáis corruptos, enfermos. Hay guerras, asesinatos, violaciones, incesto –No pone ninguna cara en especial cuando dice la última palabra pero a Sam se le encoge el corazón–, los siete pecados. Sois débiles. Sam, solo estoy haciendo el trabajo que debería haber hecho Dios.

Sam no dice nada. Piensa que no hay dioses en la tierra ni condenados sin perdón. Piensa que todo esto es suyo, de ellos, de los humanos, y que esta guerra no tiene sentido.

—Todo esto es… –Se interrumpe a sí mismo–. No vas a convencerme, deja de intentarlo. No voy a ayudarte. Mátame.

—Tú mismo vas a pedirme que ocupe tu cuerpo –sonríe, condescendiente–. Mientras tanto solo quiero tenerte cerca. Que me ayudes con la purgación. Eres superior a esto.

—No –repite, ronco. Lucifer bufa.

—Voy a tener que matar a tu hermano si sigues negándote.

Sam no responde. Dean inhala una bocanada a duras penas de repente, emitiendo un sonido ahogado, y sigue respirando lo suficiente como para sobrevivir. Respira sibilante y pálido y Sam traga saliva.

—Es muy sencillo, Sam –dice casi con pena–. Tienes construida tu propia fachada y mientes y no dejas de mentir para conseguir lo que quieres. Sabes engañar. Pero cuando se trata de Dean, Sam, todo lo que haces se vuelve en cenizas –Ladea el rostro–. No me mires así. Mira.

Aprieta los dedos ligeramente, despacio, y Dean cae al suelo de rodillas y se lleva las manos al cuello. Dice ‘no lo hagas, Sam’, con la voz entrecortada. Se ahoga. Sam lo mira. No lo soporta más de dos segundos.

—Para, ¡para! –grita. Lucifer se detiene y Dean toma una bocanada exhausta. Ya se está levantando cuando Lucifer lo inmoviliza de nuevo. Sam no sabe qué hacer. Suplica–. Déjalo marchar. Por favor.

Lucifer frunce el ceño y yergue ligeramente la barbilla. La mirada de pena.

—Vas a acompañarme –dice, completamente seguro–. Lo sabes, siempre lo has sabido –Hace una pausa–. Quiero matar a tu hermano. Quiero matarlo casi con la misma devoción con la que quiero que te unas a mí. Si no lo hago es únicamente porque sé que entonces te negarías por completo a ayudarme.

—Está bien –accede.

Lucifer se calla y sonríe, alzando las comisuras de los labios inexistentes lentamente. Sam Winchester, despeinado, con la sudadera una talla más grande, menos anticristo que nunca y vulnerable como jamás lo ha sido, mira a Dean. ‘Lo siento’, vocaliza sin hablar. Lucifer lo sujeta de una muñeca, cerca, y pronto el humo negro les envuelve y desaparecen, él y todos sus demonios y solo quedan los fantasmas cruzando la mirada de los derrotados.

 
 
 
(Anonymous) on December 8th, 2009 01:07 pm (UTC)
Vale, si fuera por mí todo el comment serían gritos de delfín y joder y ostia y whoa y Dean y Sammy pero quiero que esto se entienda al menos así que voy a coger aire e intentarlo de nuevo. AAAAAARGHHHGFFFFF *ruido de coger aire*

-Este capi me ha encantado (toda una sorpresa, hm? Sé que no te lo esperabas, lo sé, lo huelo) y veo una cosa que me fascina y es que con cada capítulo de NUC mejoras un poco más, siempre un poco más y no hay comparación entre, por ejemplo, La purgación de las almas (y luego me hablarás de problemas con el título, desgraciada) y Del infierno sobre el asfalto. A ver, podríamos comparar pero sería desagradable y algo insultante para el pobre prólogo. Y todo este rollo infumable viene a significar que espero que sigas así porque ahora mismo TODO es intachable, no hay un detalle que digas 'hmm, esto me gustó menos' o simplemente te resulte raro. No-lo-hay y sé que es casi imposible mantener el mismo nivel de calidad durante nueve páginas (9) y dos líneas (2) pero lo consigues y no notas ese salto o no eres capaz de marcar una zona en la que baja de calidad o sube porque se mantiene. Oh, dios, tengo la vivida sensación de que no se me entiende.

-Jo. Y quiero hacer un punto y aparte porque sabes que tengo mis problemas bipolares con esta chica. Por un lado me cae bien, me parece un personaje que podría ser interesante y la relación con Ellen siempre me ha parecido poco tratada. Será por eso que me gusta ver pequeños guiños o simplemente una frase 'Es evidente que está pensando en su hija' -y espero que sea así porque escribo de memoria- Y también sabes que puede exasperarme con bastante facilidad y que el equilibrio es muy jodido, pero mucho. Aquí me cae bien y me gusta que sea una estratega nata.

-Lucifer compasivo e hiriente y a la vez estando herido ha sido like...whoa. (Oh, no, yo lo he intentado) Un ser racional, inteligente y manipulador y cuando habla de su amor por Dios ya me he hecho de su bando totalmente xDDDD Qué puedo decir, hay que leerlo porque mi cerebro no da para un comentario coherente sobre el malo más interesante ahora mismo. Solo señalar que Lucifer ataca a uno de los demonios y deja tan claro que a él esta guerra no le importa, que está ahí por venganza y que todo es una manera de conseguir lo que quiere que tengo ganas de aplaudir.

-No voy a hablar de la escena del baño porque estoy como una moto y me ha encantado y Dean le ha 'dado calabazas' a Jo y me siento cruel pero eso se esconde bajo la excitación y ‘¿Te gusta así, Sammy?’ y suena entrecortado y turbado porque Sam tampoco deja de tocarlo, más errático, más brusco, perdiendo el control. ‘Sí’, jadea, ‘joder, ah, Dean, ah-nnh’ Y el mundo se funde, rly.

Me dejo mil cosas pero NO PUEDO seguir, oh my.

PD: Como tu Beta tengo que señalar 'Tienen las manos perdidas en el cuerpo del oro' No me preguntes como he sido capaz de notarlo en mitad del momento que no lo sé.
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 01:09 pm (UTC)
We're running to the edge of the world.
Por si alguien no lo sabía yo soy la retra de arriba, que con la emoción ni me loguee ni puse asunto *Facepalm*

Y creo que soy la primera, O-SOM

Notita: He aprendido a poner cursiva!
Jess: just sexsheislilyx on December 8th, 2009 01:23 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
*implosiona*

...uh.

...whoa.

(crack)

(capacidad de expresión que significa incredulidad, sorpresa y rompimiento de corazón por demasiado amor respectivamente)

ME TRANQUILIZO Y TE CONTESTO.
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 01:24 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
¿Has quedado impresionada por mis magníficos dedos!happypron, eh?

Lo sabía.

Con cariño,

Papá Noel.
Jess: numb3rssheislilyx on December 8th, 2009 01:28 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
asadkjasklfasñkalk

(ASALJDASJL!!)

xDDD
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 01:29 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
Yes oui.
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 01:30 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
Hoy, me he dado cuenta de que después de dos años de francés ni siquiera sé como se escribe sí. ADV.

PD: Tu icono de Sammy me perturba de maneras inimaginables.
Jess: just sexsheislilyx on December 8th, 2009 01:34 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
*señala icono*

Y a mí, nena, y a mí, y a Dean.
Jess: just sexsheislilyx on December 8th, 2009 01:33 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
¡Yo sé preguntar cómo te llamas!

Comment tu t'appelles?

¡PERO QUÉ ARTISTA SOY!

¡Y CITRON ES LIMÓN!
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 01:37 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
¡Yo sé decir 'La route c'est longue et dangerouse'!

Y que cochon es cerdo

¡WE'RE THE CHAMPIÑONES, NENA!
Jess: weightsheislilyx on December 8th, 2009 01:58 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 02:27 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
¿Es un aplauso cruel o lo estoy imaginando?

*sigh*
Jesssheislilyx on December 8th, 2009 03:02 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
¡No! Mira, para que no te enfades:

The_VQthe_vq on December 8th, 2009 03:17 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
Dean está notando el ENORME paquete de Sam.

Y lo aprueba.
Jess: wincestsheislilyx on December 8th, 2009 03:28 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
Y LE GUSTA.
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 03:38 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
Y está pensando en que cuando acabe de abrazarle lo van a hacer en el baño, YAY.
Jesssheislilyx on December 8th, 2009 04:16 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 04:59 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
Es totalmente nuestra escena de la H, tía!! FÍJATE

Sam: por favor

Dean: no, Sammy, joder, no.

¡Lo escribiré en mi diario!
Jess: wincestsheislilyx on December 8th, 2009 05:20 pm (UTC)
Re: We're running to the edge of the world.
(yo es que me perturbo)
Jess: deansheislilyx on December 8th, 2009 01:53 pm (UTC)
(lo sigo flipando)

Yo también voy a intentar que se entienda porque si fuera por mí haría big bang y explotaría de felicidad. Pero no. Let's try it.

Después de leer tu primer párrafo he estado releyendo "Del infierno sobre el asfalto" y me encanta que pienses que he mejorado. Yo también lo creo, al menos un poquito, pero no tanto como dices (ni de coña). Whatever; lo que quiero decir es que me alegra muchísimo que creas que la calidad no baja durante el capítulo y que se va manteniendo, porque me preocupa. Me gusta que haya escenas impactantes que seguro que vas a recordar y que haya puntos álgidos y esas cosas pero odiaría que la gente tuviera ganas de saltarse partes porque son más aburridas, más cutres, menos trabajadas. I don't know. Supongo que me entiendes.

Comparándolo con el prólogo, bueno, es evidente que ahora escribo más. Capítulos más largos, no porque quiera meter paja sino porque creo que esto es lo que quiero contar. Creo que es importante saber el suelo que pisan, los gestos que hacen cuando se pican, el aspecto del búnker donde se esconden. Cuando acabo el capítulo lo releo y añado cosas o las quito; intento dejar lo suficiente (no sé por qué te estoy explicando esto, luvie).

Lucifer me trae de cabeza así que ME ENCANTA que te haya gustado. Quiero que sea un poco como en la serie: que haya motivos buenos, fines oscuros, nadie es bueno ni malo. Tengo que controlar(ME)lo para que no haga cosas a Sammy. Cosas PERVERSAS *sick*.

La escena del lavabo la iba a alargar PERO MUCHO Y HE PENSADO "RESISTE" Y HE TENIDO QUE IR RESUMIENDO Y CORTANDO PORQUE OMG MIS HORMONAS ME CONTROLAN, FUCK THE WORLD.

¡Gracias por señalarme esa frase! Madre de dios, cómo una letra puede cambiar una frase tanto LOL. Ya lo he arreglado =).

Y no tengo nada más que decir que no sea un enorme

GRACIAS ♥.

The_VQthe_vq on December 8th, 2009 02:19 pm (UTC)
Simplemente quiero decir que te entiendo y que hay algo que yo sé y el resto de lectores... bueno, creo que no (no me hagas un zas) y es que tú te pasas desde que empiezas a escribir hasta que acabas metida en la historia de cabeza, hilando esas mil ideas que te vienen por minuto y teniendo unas crisis de fe ENORMES pero de decirme 'me ha quedado un bodrio' y pasarlo realmente mal a la hora de publicar. Que escribir es muy bonito y muy estimulante y también parece muy fácil desde fuera pero cuando te ves con la necesidad de escribir algo la cosa cambia y mucho.

¿Por qué digo esto?

Bueno, no voy a daros todo hecho, people. Pensad en ello.


GRACIAS A TI
The_VQthe_vq on December 8th, 2009 02:20 pm (UTC)
Vale, el gracias no es taaaaaaaaaan grande pero jo, que mi trabajo me cuesta ponerlo.

Seguiré intentándolo.
Jesssheislilyx on December 8th, 2009 02:57 pm (UTC)

GUAPA

Jess: troublessheislilyx on December 8th, 2009 02:46 pm (UTC)
No sé qué he hecho para merecerme semejante comentario PERO ME EMOCIONO y cómo me conoces, en serio ♥. De hecho es justamente lo que dices lo que me pasa, porque me esfuerzo pero luego me da la sensación de que es KK y me frustro y ARG.

En serio, AWESOME (♥): ¡TE QUIERO COSA MALA!
Vicakisachanlove on December 9th, 2009 02:11 am (UTC)
I AM YOURS.
No soy buena comentando ni criticando chica porque siempre me dejas O.O y con esa sensación de irresistible amor por todo el mundo y hoy voy a dormir feliz.
Chica, Jessy...
ERES MI IDOLA
Jess: sammysheislilyx on December 9th, 2009 02:19 pm (UTC)
Awww, muchas gracias por leer y por tus palabras, de verdad me alegran el día comentarios como el tuyo. Tú sí que me haces feliz a mí ♥.

¡Muchos besos, guapa!
Vanessa: brvane_chan6 on December 9th, 2009 03:01 am (UTC)
Nooooooooooooooooooooooooo O.O
nena nena te comento desde mi nuevo Journal el viejo pronto lo cerrare pero en fin como dios despues de la escena del baño en la que me has dejado facinada *_* me sales con esto COMO COMO COMO COMO COMO DIOS mio es que nadie puede culpar a mi sammy (y el que lo hace se mete conmigo x_x) lo hiso por dean por su hermano porque lo ama lo adora no le puede dejar es lo que mas quiere dios solo dime que sammy no cambiara que lucifer no lo hara cambiar (aunque admito que una parte de mi le gusta dark sammy) y dime que dean matara a ese angelucho caido de pacotilla es decir quien es el para jusgar los pecados de los humanos aaaaaaaaaaa parezco loca dejando este comentario O.O tan grande jejeje lo siento me he emocionado *_*
Jess: sammysheislilyx on December 9th, 2009 04:25 pm (UTC)
Re: Nooooooooooooooooooooooooo O.O
Nena, me ENCANTAN tus comentarios, me voy poniendo nerviosa a medida que los leo y me dan ganas de chillar a mí también xDDD. Sabía que me ibais a morder por el final, muahaha. A ver, en principio (juas) no tengo planeado hacer a Sammy malo porque ya bastante estoy sufriendo en la serie con eso de verlos enfrentados a ratos, pero Lucifer puede ser muy convincente, yo no digo nada... Tengo que improvisar, la verdad, lol.

ES QUE SAMMY, AY LO QUE NOS HACE SUFRIR... ♥

¡Muchísimas gracias por comentar, guapa! *grita con ella*
Vanessavane_chan6 on December 9th, 2009 08:40 pm (UTC)
Re: Nooooooooooooooooooooooooo O.O
Oh dios XD te pones nerviosa a medida que lees y tras de eso te paso mis locos gritos que emocion asi terminamos todo mundo locos de felicidad ejem digo sabes que no se comointerpretar eso de "no lo hare malo" "pero ya vere" XD Ta muy raro intentas confundirme

Besos *prolonga el grito*
Jess: numb3rssheislilyx on December 9th, 2009 08:46 pm (UTC)
Re: Nooooooooooooooooooooooooo O.O
Es justo lo que intento: confundirte, muahaha. De hecho yo también estoy confundida porque tengo alguna vaga idea de lo que haré PERO no te lo voy a contar xDD.

¡Muacks!
Vanessavane_chan6 on December 10th, 2009 02:23 am (UTC)
Re: Nooooooooooooooooooooooooo O.O
O.O mala eres mala ...

Besitos
The_VQthe_vq on December 10th, 2009 02:30 pm (UTC)
Re: Nooooooooooooooooooooooooo O.O
Eh, oh... ¿confundir?

*Se viste con letitud*

Sí, confundirme.

Lo comprendo.

Sí. Ha funcionado.

Estoy... muy confundida

*Roja*

Mucho...
shelenis_tanitshelenis_tanit on December 10th, 2009 08:14 am (UTC)
Aleluya! Fic de los niños ¡¡ALELUYA!!
Jess: wincestsheislilyx on December 10th, 2009 01:19 pm (UTC)
¡Sí, ya tocaba! ¡Ojalá te guste! =)